A menudo es fácil entender el concepto de arquitectura como un conjunto de añadidos, de capas que superponen o que se van adhiriendo unas a otras. Esta percepción errónea afecta, entre otros, a uno de los puntos más importantes de la arquitectura y del que hoy hablaremos: la estructura.

La estructura, aquella sobre la que se levantan los proyectos, la que se lleva todas las cargas del edificio, la que impide que un derribo inesperado; no es un parche que añadamos a nuestra casa ideal, es un elemento de proyecto que forma parte de la misma arquitectura.

Se debe proyectar a la vez propuesta y estructura, no es un elemento desligado al que debamos recurrir tarde o temprano para sustentar el edificio.

Ser consciente de esta vinculación y entender el sistema estructural que decidamos usar o que ya nos venga dado, en casos de reforma, facilita la proyección de una propuesta coherente y, como consecuencia, más económica.

Pongamos un ejemplo para visualizar este concepto de arquitectura y estructura:

Queremos hacer una reforma integral en una casa inglesa, entre medianeras. La estructura funciona de la siguiente manera: los muros que absorben las cargas verticales son los mismos que nos separan de nuestros vecinos.

Así pues, la estructura horizontal, la que forma los forjados, tiene una sola dirección, de muro de medianera a muro de medianera, y por tanto apoya en estos para transmitir sus cargas.

Casi siempre estaremos hablando de una estructura de forjado formada por vigas.

Es cierto que a menudo hay algún elemento estructural intermedio o posteriormente añadido en casos de ampliaciones anteriores, pero dando por básica esta estructura y entendiéndola podemos ser conscientes del tipo de reforma que podremos llevar a cabo y el que no; o en su defecto, el que haremos pero nos saldrá muy caro.

 

Estructura desnuda de una casa antes de ser reformada

 

Imaginemos que queremos abrir un patio interior, la coherencia estructural pediría interrumpir el forjado en todo el ancho de la casa. En caso de querer un patio más pequeño, la estructura de forjado que queda entre el patio y la medianera necesita un apuntalamiento y refuerzo o por el contrario no podría aguantarse por sí solo.

De la misma manera ocurriría con los lucernarios, pero, en ese caso, sería conveniente tener en cuenta la distancia entre vigas e intentar que el lucernario ocupe el espacio entre dos o más vigas.

El buen mantenimiento de los elementos portantes no solamente supone un beneficio en el sentido estructural, además de cumplir su función básica, éstos pueden resultar estéticamente muy decorativos.

Las vigas de madera y las vueltas encarnan la esencia de este tipo de casas y tener la habilidad de dejarlas vistas en puntos estratégicos de la casa dará calidez a la vivienda. Es importante tener en cuenta que los pasos de instalaciones mayoritariamente se hacen a través de los falsos techos y por lo tanto conseguir esta imagen debe prever pasos de instalaciones alternativos, ya sean por debajo del pavimento o a través de la tabiquería.

 

Tratamiento de forjado visto en la reforma de una casa entre medianeras

 

Lo mismo ocurre con las medianeras. Por supuesto, cualquier reforma que implique un maltrato del muro de medianera queda descartada. Nunca podremos pasar instalaciones a través de ellas sin hacer uso de trasdosados o canaletas.

Por otro lado, lo más probable es que las particiones interiores de la vivienda no tengan un carácter portante y, por consiguiente, puedan ser susceptibles de ser quitadas sin afectaciones estructurales. 

 

Muro de medianera visto en un primer tramo, con una canaleta para la instalación de luz artificial en la parte superior, y trasdosado en el siguiente

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